Las brazas ardían en sus dedos. Ese hombre que jamas conocí, y me hablaba de forma tan familiar; como un padre, como un hijo, un hermano y más importante, como mí mismo. Fue un momento impresionante, él me contó una historia que me fascinó, no se si se las podría contar igual, con tanta naturalidad y misticismo pero lo voy a intentar.
Discalpame, olvidé presentarme, soy Andrés, la gente solo me dice Andy, llamame como vos quieras. Soy un viajante, como muchos otros, y en especial como este hombre, viajo. Viajo en los sueños, me llevan a lugares y tiempos jamas soñados; je es algo contradictorio. Y sin más divagaciones ahí va su historia.
Cuando era joven, en uno de mis primeros viajes, estaba sentado en una hamaca en el jardín de la casa de mis padres. Al principio cuando me quede dormido, me levante y al verme tendido allí, en una posición segura, despegué sin temores; pero algo me retuvo. Cuando miré hacia abajo la vi. Una joven, mucho menor que yo, con una estela gris. Por su color supuse que había fallecido tiempo atrás (en este momento, me sorprendí, en mis viajes nunca había encontrado un muerto; pero su tranquilidad me apaciguo). Ella me bajó a la tierra y se quedo mirándome con una ternura y orgullo, mezclado de apoyo y cuestionamiento. Por alguna razón, comprendí que ella era de mi familia, tal vez una vida pasada de mi madre. En esas horas, días e incluso siglos que nos vimos varados en esa conección sobrenatural, no me habló y hasta parecía ni escucharme, para cuando me aproxime a tocarla, se desvaneció y yo desperté en mi hamaca, a los gritos de mi hermana intentando reanimarme. Me dijo que no sentía mi pulso, que había muerto por unos minutos.
Ahora que me doy cuenta faltó nombrar un pequeño detalle, a este hombre, "que nunca conocí", si lo conocí, en un sueño. Es algo muy normal entre viajantes, lo que no es normal es sentarnos a hablar entre nosotros. No es por antipáticos, pero no es placentero encontrarte a alguien en la calle con quien soñaste la noche anterior.
Sentí miedo de volver a viajar, morir, es algo muy lejano para un adolescente. Casi romántico, pero en ese último año había empezado a apreciar la vida. Puse toda mi energía en no viajar, me concentre en mantenerme en mi cuerpo, cada vez que me levantaba, volvía a apoyarme en mi cuerpo.
El contacto con un muerto es algo muy peligroso para cualquier viajante (me advirtió) pero al mismo tiempo una experiencia completamente enriquecedora, a los muertos les resulta entretenido conectarse con vivos, al punto de arrástralos al infra-mundo.
Una tarde me desmalle camino al colegio, cuando me levanté, vi a mi cuerpo tendido en la calle y a la niña mirándome a una distancia segura. Antes de que pueda siquiera moverme, me habló.
Soy tu hermana, - Ella dijo - morí años antes de que tu nazcas.
Y luego me devolvió a mi cuerpo. Pasé meses pensando en lo que pasó. Era muy peligroso, acercarse a un no-vivo tan relacionado podía traer consecuencias, la más probable y peligrosa era una posesión (posesión para lo que no saben, trata de cuando un no-vivo toma el cuerpo físico de un vivo).
No podía discutirlo con mis padres, ellos no podían enterarse de que yo supiera algo de ella, después de todo, los destrozaría. Decidí confrontarla yo mismo, esa noche emprendí un viaje del que nunca volvería, por lo menos no igual que antes. Esa misma noche, me preparaba para morir, aunque solo así la cama, lo sentía como mi último acto, no sabía que esperar, pero al mismo tiempo sentía un alivio, todo llegaba a su fin.
Dormí, y descanse, hace mucho tiempo que no descansaba, por el hecho de simplemente, no pensar en nada y darle un respiro a la conciencia. No podía viajar, estaba atrapado en mi plano actual. Mi mente, me lo prohibía, yo aun no quería afrontar los problemas de mi vida.
Pasé años sin viajar, me volví una persona más, con sueños y esperanzas, que siempre corría intentando alcanzar utopías; cuando años antes tomaba el te en la atlántida y caminaba por el horizonte. Terminé el secundario y empecé la universidad, psicología orientada en la comprensión de los sueños, parecía que todo lo que había vivido no era real, sino otra ilusión.
Un día, sin ni siquiera intentarlo, volví a soñar como antes, a soñar con ella. Esta vez comprendí que no podía huir de eso. Su aura era dulce pero monótona, tristemente gris; era obvio pensaras, si esta muerta, pero lo muerte no significa melancolía, solo es otro paso a seguir. Sus ojos eran verdes, como los de mi madre y su piel blanca, casi pura, me recodaban a un frágil jazmín.
Pasamos días hablando, sobre su vida (o no-vida) y la mía, de lo que iba a seguir y lo que fue. Me afirmó que no estaba enojada y que solo estaba preocupada por mí, me dijo que algo malo iba a pasarme y que ella solo vino a advertirme. Tarde muchos años en entender lo que me quiso decir esa noche.
En ese momento mi vida se transformo drástica mente, abandoné la facultad, me mudé al campo y me dedique a viajar en mis sueños, conocí tierras místicas como en mi niñees, pero ahora junto a ella.
Ahora, en el ocaso de mi vida, reflexiono sobre lo que no viví, lo que viví y lo que soñé. Es duro llegar a un final (me dijo), te preguntaras por que te digo eso (yo solo asentí), antes de morir quiero sentir que hice algo por alguien y que seré recordado.
Con estas palabras el hombre, que solo conocí en un sueño, se fundió en el humo de su cigarrillo y me despedí para siempre de mi padre,de mi hermano,de mi mismo y más importante de mis sueños.
Días después vi su foto en el diario, la sección de obituarios. Murió mientras dormía, murió feliz.
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