Aveces desearía ser una planta,
para no pensar
y renacer en mis semillas.
Aveces quisiera poder olvidar
todas las cosas malas que hice.
Muchas veces desearía no estar en este ataúd,
de carne y hueso.
Solo quisiera que no me hubieras dejado,
no estar solo nunca más.
Hay veces que solo deseo estar muerto.
réussite
martes, 22 de marzo de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
Para cuando dejé...
Cuando cerré mis ojos, realmente lo vi.
Cuando callé las voces, me empece a escuchar.
Cuando deje de llorar, lo sentí.
Cuando lo deje de pesar, finalmente lo comprendí,
y cuando paré de pelear, estuve en paz.
En el momento que dejé de desearte, solo ahí me empece a amar.
Cuando callé las voces, me empece a escuchar.
Cuando deje de llorar, lo sentí.
Cuando lo deje de pesar, finalmente lo comprendí,
y cuando paré de pelear, estuve en paz.
En el momento que dejé de desearte, solo ahí me empece a amar.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Padrino Excasiado
Somos criaturas de excesos,
miramos de frente a la oscuridad
con temor y admiración.
La ruleta sigue girando aún,
pero tu bola paró en la adicción,
yo sigo en la soga de la indecisión.
Mejor cambiemos de juego
y no lo dejamos al azar,
prefiero aprender a contar.
Viendo tus ojos partir,
con locura y frenesí.
Te admiré,
pero padrino mío,
ya no se que sentir.
De lejos, mi orgullo se despide.
Y junto a mí, el miedo y el desprecio
toman una bocanada más y se quedan a dormir.
Tomé mi bola,
mas no me voy a retirar.
No me queda más que explotar la burbuja,
la de tu euforia y tu bajón,
donde ya no diferencio la posesión.
miramos de frente a la oscuridad
con temor y admiración.
La ruleta sigue girando aún,
pero tu bola paró en la adicción,
yo sigo en la soga de la indecisión.
Mejor cambiemos de juego
y no lo dejamos al azar,
prefiero aprender a contar.
Viendo tus ojos partir,
con locura y frenesí.
Te admiré,
pero padrino mío,
ya no se que sentir.
De lejos, mi orgullo se despide.
Y junto a mí, el miedo y el desprecio
toman una bocanada más y se quedan a dormir.
Tomé mi bola,
mas no me voy a retirar.
No me queda más que explotar la burbuja,
la de tu euforia y tu bajón,
donde ya no diferencio la posesión.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Las brazas ardían en sus dedos. Ese hombre que jamas conocí, y me hablaba de forma tan familiar; como un padre, como un hijo, un hermano y más importante, como mí mismo. Fue un momento impresionante, él me contó una historia que me fascinó, no se si se las podría contar igual, con tanta naturalidad y misticismo pero lo voy a intentar.
Discalpame, olvidé presentarme, soy Andrés, la gente solo me dice Andy, llamame como vos quieras. Soy un viajante, como muchos otros, y en especial como este hombre, viajo. Viajo en los sueños, me llevan a lugares y tiempos jamas soñados; je es algo contradictorio. Y sin más divagaciones ahí va su historia.
Cuando era joven, en uno de mis primeros viajes, estaba sentado en una hamaca en el jardín de la casa de mis padres. Al principio cuando me quede dormido, me levante y al verme tendido allí, en una posición segura, despegué sin temores; pero algo me retuvo. Cuando miré hacia abajo la vi. Una joven, mucho menor que yo, con una estela gris. Por su color supuse que había fallecido tiempo atrás (en este momento, me sorprendí, en mis viajes nunca había encontrado un muerto; pero su tranquilidad me apaciguo). Ella me bajó a la tierra y se quedo mirándome con una ternura y orgullo, mezclado de apoyo y cuestionamiento. Por alguna razón, comprendí que ella era de mi familia, tal vez una vida pasada de mi madre. En esas horas, días e incluso siglos que nos vimos varados en esa conección sobrenatural, no me habló y hasta parecía ni escucharme, para cuando me aproxime a tocarla, se desvaneció y yo desperté en mi hamaca, a los gritos de mi hermana intentando reanimarme. Me dijo que no sentía mi pulso, que había muerto por unos minutos.
Ahora que me doy cuenta faltó nombrar un pequeño detalle, a este hombre, "que nunca conocí", si lo conocí, en un sueño. Es algo muy normal entre viajantes, lo que no es normal es sentarnos a hablar entre nosotros. No es por antipáticos, pero no es placentero encontrarte a alguien en la calle con quien soñaste la noche anterior.
Sentí miedo de volver a viajar, morir, es algo muy lejano para un adolescente. Casi romántico, pero en ese último año había empezado a apreciar la vida. Puse toda mi energía en no viajar, me concentre en mantenerme en mi cuerpo, cada vez que me levantaba, volvía a apoyarme en mi cuerpo.
El contacto con un muerto es algo muy peligroso para cualquier viajante (me advirtió) pero al mismo tiempo una experiencia completamente enriquecedora, a los muertos les resulta entretenido conectarse con vivos, al punto de arrástralos al infra-mundo.
Una tarde me desmalle camino al colegio, cuando me levanté, vi a mi cuerpo tendido en la calle y a la niña mirándome a una distancia segura. Antes de que pueda siquiera moverme, me habló.
Soy tu hermana, - Ella dijo - morí años antes de que tu nazcas.
Y luego me devolvió a mi cuerpo. Pasé meses pensando en lo que pasó. Era muy peligroso, acercarse a un no-vivo tan relacionado podía traer consecuencias, la más probable y peligrosa era una posesión (posesión para lo que no saben, trata de cuando un no-vivo toma el cuerpo físico de un vivo).
No podía discutirlo con mis padres, ellos no podían enterarse de que yo supiera algo de ella, después de todo, los destrozaría. Decidí confrontarla yo mismo, esa noche emprendí un viaje del que nunca volvería, por lo menos no igual que antes. Esa misma noche, me preparaba para morir, aunque solo así la cama, lo sentía como mi último acto, no sabía que esperar, pero al mismo tiempo sentía un alivio, todo llegaba a su fin.
Dormí, y descanse, hace mucho tiempo que no descansaba, por el hecho de simplemente, no pensar en nada y darle un respiro a la conciencia. No podía viajar, estaba atrapado en mi plano actual. Mi mente, me lo prohibía, yo aun no quería afrontar los problemas de mi vida.
Pasé años sin viajar, me volví una persona más, con sueños y esperanzas, que siempre corría intentando alcanzar utopías; cuando años antes tomaba el te en la atlántida y caminaba por el horizonte. Terminé el secundario y empecé la universidad, psicología orientada en la comprensión de los sueños, parecía que todo lo que había vivido no era real, sino otra ilusión.
Un día, sin ni siquiera intentarlo, volví a soñar como antes, a soñar con ella. Esta vez comprendí que no podía huir de eso. Su aura era dulce pero monótona, tristemente gris; era obvio pensaras, si esta muerta, pero lo muerte no significa melancolía, solo es otro paso a seguir. Sus ojos eran verdes, como los de mi madre y su piel blanca, casi pura, me recodaban a un frágil jazmín.
Pasamos días hablando, sobre su vida (o no-vida) y la mía, de lo que iba a seguir y lo que fue. Me afirmó que no estaba enojada y que solo estaba preocupada por mí, me dijo que algo malo iba a pasarme y que ella solo vino a advertirme. Tarde muchos años en entender lo que me quiso decir esa noche.
En ese momento mi vida se transformo drástica mente, abandoné la facultad, me mudé al campo y me dedique a viajar en mis sueños, conocí tierras místicas como en mi niñees, pero ahora junto a ella.
Ahora, en el ocaso de mi vida, reflexiono sobre lo que no viví, lo que viví y lo que soñé. Es duro llegar a un final (me dijo), te preguntaras por que te digo eso (yo solo asentí), antes de morir quiero sentir que hice algo por alguien y que seré recordado.
Con estas palabras el hombre, que solo conocí en un sueño, se fundió en el humo de su cigarrillo y me despedí para siempre de mi padre,de mi hermano,de mi mismo y más importante de mis sueños.
Días después vi su foto en el diario, la sección de obituarios. Murió mientras dormía, murió feliz.
Discalpame, olvidé presentarme, soy Andrés, la gente solo me dice Andy, llamame como vos quieras. Soy un viajante, como muchos otros, y en especial como este hombre, viajo. Viajo en los sueños, me llevan a lugares y tiempos jamas soñados; je es algo contradictorio. Y sin más divagaciones ahí va su historia.
Cuando era joven, en uno de mis primeros viajes, estaba sentado en una hamaca en el jardín de la casa de mis padres. Al principio cuando me quede dormido, me levante y al verme tendido allí, en una posición segura, despegué sin temores; pero algo me retuvo. Cuando miré hacia abajo la vi. Una joven, mucho menor que yo, con una estela gris. Por su color supuse que había fallecido tiempo atrás (en este momento, me sorprendí, en mis viajes nunca había encontrado un muerto; pero su tranquilidad me apaciguo). Ella me bajó a la tierra y se quedo mirándome con una ternura y orgullo, mezclado de apoyo y cuestionamiento. Por alguna razón, comprendí que ella era de mi familia, tal vez una vida pasada de mi madre. En esas horas, días e incluso siglos que nos vimos varados en esa conección sobrenatural, no me habló y hasta parecía ni escucharme, para cuando me aproxime a tocarla, se desvaneció y yo desperté en mi hamaca, a los gritos de mi hermana intentando reanimarme. Me dijo que no sentía mi pulso, que había muerto por unos minutos.
Ahora que me doy cuenta faltó nombrar un pequeño detalle, a este hombre, "que nunca conocí", si lo conocí, en un sueño. Es algo muy normal entre viajantes, lo que no es normal es sentarnos a hablar entre nosotros. No es por antipáticos, pero no es placentero encontrarte a alguien en la calle con quien soñaste la noche anterior.
Sentí miedo de volver a viajar, morir, es algo muy lejano para un adolescente. Casi romántico, pero en ese último año había empezado a apreciar la vida. Puse toda mi energía en no viajar, me concentre en mantenerme en mi cuerpo, cada vez que me levantaba, volvía a apoyarme en mi cuerpo.
El contacto con un muerto es algo muy peligroso para cualquier viajante (me advirtió) pero al mismo tiempo una experiencia completamente enriquecedora, a los muertos les resulta entretenido conectarse con vivos, al punto de arrástralos al infra-mundo.
Una tarde me desmalle camino al colegio, cuando me levanté, vi a mi cuerpo tendido en la calle y a la niña mirándome a una distancia segura. Antes de que pueda siquiera moverme, me habló.
Soy tu hermana, - Ella dijo - morí años antes de que tu nazcas.
Y luego me devolvió a mi cuerpo. Pasé meses pensando en lo que pasó. Era muy peligroso, acercarse a un no-vivo tan relacionado podía traer consecuencias, la más probable y peligrosa era una posesión (posesión para lo que no saben, trata de cuando un no-vivo toma el cuerpo físico de un vivo).
No podía discutirlo con mis padres, ellos no podían enterarse de que yo supiera algo de ella, después de todo, los destrozaría. Decidí confrontarla yo mismo, esa noche emprendí un viaje del que nunca volvería, por lo menos no igual que antes. Esa misma noche, me preparaba para morir, aunque solo así la cama, lo sentía como mi último acto, no sabía que esperar, pero al mismo tiempo sentía un alivio, todo llegaba a su fin.
Dormí, y descanse, hace mucho tiempo que no descansaba, por el hecho de simplemente, no pensar en nada y darle un respiro a la conciencia. No podía viajar, estaba atrapado en mi plano actual. Mi mente, me lo prohibía, yo aun no quería afrontar los problemas de mi vida.
Pasé años sin viajar, me volví una persona más, con sueños y esperanzas, que siempre corría intentando alcanzar utopías; cuando años antes tomaba el te en la atlántida y caminaba por el horizonte. Terminé el secundario y empecé la universidad, psicología orientada en la comprensión de los sueños, parecía que todo lo que había vivido no era real, sino otra ilusión.
Un día, sin ni siquiera intentarlo, volví a soñar como antes, a soñar con ella. Esta vez comprendí que no podía huir de eso. Su aura era dulce pero monótona, tristemente gris; era obvio pensaras, si esta muerta, pero lo muerte no significa melancolía, solo es otro paso a seguir. Sus ojos eran verdes, como los de mi madre y su piel blanca, casi pura, me recodaban a un frágil jazmín.
Pasamos días hablando, sobre su vida (o no-vida) y la mía, de lo que iba a seguir y lo que fue. Me afirmó que no estaba enojada y que solo estaba preocupada por mí, me dijo que algo malo iba a pasarme y que ella solo vino a advertirme. Tarde muchos años en entender lo que me quiso decir esa noche.
En ese momento mi vida se transformo drástica mente, abandoné la facultad, me mudé al campo y me dedique a viajar en mis sueños, conocí tierras místicas como en mi niñees, pero ahora junto a ella.
Ahora, en el ocaso de mi vida, reflexiono sobre lo que no viví, lo que viví y lo que soñé. Es duro llegar a un final (me dijo), te preguntaras por que te digo eso (yo solo asentí), antes de morir quiero sentir que hice algo por alguien y que seré recordado.
Con estas palabras el hombre, que solo conocí en un sueño, se fundió en el humo de su cigarrillo y me despedí para siempre de mi padre,de mi hermano,de mi mismo y más importante de mis sueños.
Días después vi su foto en el diario, la sección de obituarios. Murió mientras dormía, murió feliz.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Culpa
Deambulaba por el bosque, con el peso de la conciencia alentando su paso, merecía estar muerto, o eso creía él. Caminaba, siempre hacia a delante, temía que si volteaba la figura de su victimario lo quebrara. Manos oscuras estrangulaban su corazón, este que él no creía merecer. Varias incógnitas giraban en torno a su cabeza ¿A quién había matado?, ¿Por qué nunca se cruzó con otra persona?, ¿Había más personas? Pero aún más importante que todo,
¿Qué sería de él ahora?
Siguió caminado, su alma en sus manos apunto de lanzarla por la borda y su pena en su corazón. La vida lo había sorprendido, y se lo llevó por delante, intentó rescribir los escenarios posibles, si el no lo hubiera asesinado, fue en defensa propia una parte repetía mientras la otra le susurraba que él deseaba matarlo y lo disfruto hasta el último segundo. Él se sentía enfermo, como si las cosas estuvieran mal, la lluvia ya no se sentía igual todo era mucho más intenso, la luz de la luna se convirtió en un resplandor sofocante y detestaba mirarla. La vida como la conocía pasó a ser algo como una pesa, de día anhelaba dormir para no pensar y de noche esperaba despertar para alejar a sus demonios y culpas internas.
Una noche despertó súbitamente en un charco de sudor. Atormentado por sus pesadillas corrió por el bosque, sin ver por donde iba. Cuando se topo con un barranco frenó para llegar a la orilla, a centímetros de una caída fatal. Frente al risco él sintió que era el momento de terminar con sus horrores. Ya dispuesto a saltar, recordó devuelta a esa voz que susurraba en su mente
-Vive
Pero esta vez fue mucho más que una palabra, unos ojos juzgantes se presentaron frente a él, esta imponente alucinación duro un segundo, o toda una vida. Cuando despertó se sintió abrumado, tardo varios minutos en recomponerse y cuando lo logro se dirigió a su refugio.
Una vez allí reflexiono sobre su visión, esta mirada enorme y poderosa que lo hacia sentirse tan a gusto y apenado, con un calor tan natural y amoroso. Pensó que talvez era un recuero, que talvez era una señal, o talvez esos ojos eran su destino.
Sobrevivir
Caminado exploraba su bosque que cada vez le parecía menos suyo, un mundo nuevo y extraño capaz de mucha maldad que, a pesar de ser parte de él, aún no aceptaba. En sus andanzas divisó a una terrible bestia con ojos amarillos, su piel cubierta por unas callosidades negras y unas garras y dientes dibujados para matar. Su corazón se detuvo, y por primera vez sintió algo que no fue el paso del tiempo: esta energía que alentaba todo, lo hizo gritar y ganar fuerza con una velocidad que nunca creyó poseer. El personaje corrió a más no poder, huyendo de la amenaza como si una voz interior, que ya tenía grabada desde el día en que entró al bosque; le repitiera que viviese. Cuando su perseguidor lo alcanzó, no hizo más que quedarse quieto frente a su agresor y él, aferrándose a su bolígrafo, símbolo de su inocencia; gritó. La bestia vestida de sombras lo atacó, él en un movimiento reflejo alzó su arma y la clavó en el tórax de la bestia. Ésta cayó al suelo escupiendo un líquido azul. Cuando la bestia se tornó en su forma humana, el hombre sintió un ardor terrible en el pecho: le había quitado la vida a un igual.
Observó cómo este daba sus últimos respiros, su pelo oscuro, el sudor de su piel, las callosidades de sus pies desnudos, pero con más atención sus venas dilatadas por el miedo a morir. Con mucha suavidad se acercó al moribundo, y sintió el pulso en sus venas en el aire. Agarró su pierna y con mucha tentación se acercó a la zona pélvica, donde fuertemente mordió una arteria de la que salió un líquido azul y refrescante.
Allí, bajo la luna, el hombre, el explorador y caminante de su propio bosque; se perdieron para siempre, en los ojos de un asesino de sangre fría, que jamás volvería a ser el mismo.
Crecer
El hombre se levantó y se internó en el bosque de sauces llorones. A éstos ya despojados de toda esperanza y sueños, sólo le daban utilidades materiales. Él los explotaba, había perdido todo placer pero aprendió de la agonía. Su voz cobró fuerza. Encontró su luz y su oscuridad bajo un arroyo donde se iba a bañar. Su alma, en cambio, la tuvo que crear en noches de tormento y penitencia. Su pequeño anotador se había perdido muchas lunas antes, y el soñador se había quedado durmiendo en su subconsciente.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)