Somos criaturas de excesos,
miramos de frente a la oscuridad
con temor y admiración.
La ruleta sigue girando aún,
pero tu bola paró en la adicción,
yo sigo en la soga de la indecisión.
Mejor cambiemos de juego
y no lo dejamos al azar,
prefiero aprender a contar.
Viendo tus ojos partir,
con locura y frenesí.
Te admiré,
pero padrino mío,
ya no se que sentir.
De lejos, mi orgullo se despide.
Y junto a mí, el miedo y el desprecio
toman una bocanada más y se quedan a dormir.
Tomé mi bola,
mas no me voy a retirar.
No me queda más que explotar la burbuja,
la de tu euforia y tu bajón,
donde ya no diferencio la posesión.
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