miércoles, 20 de octubre de 2010

Culpa

  Deambulaba por el bosque, con el peso de la conciencia alentando su paso, merecía estar muerto, o eso creía él. Caminaba, siempre hacia a delante, temía que si volteaba la figura de su victimario lo quebrara. Manos oscuras estrangulaban su corazón, este que él no creía merecer. Varias incógnitas giraban en torno a su cabeza ¿A quién había matado?, ¿Por qué nunca se cruzó con otra persona?, ¿Había más personas? Pero aún más importante que todo,
                                                ¿Qué sería de él ahora?
  Siguió caminado, su alma en sus manos apunto de lanzarla por la borda y su pena en su corazón. La vida lo había sorprendido, y se lo llevó por delante, intentó rescribir los escenarios posibles, si el no lo hubiera asesinado, fue en defensa propia una parte repetía mientras la otra le susurraba que él deseaba matarlo y lo disfruto hasta el último segundo. Él se sentía enfermo, como si las cosas estuvieran mal, la lluvia ya no se sentía igual todo era mucho más intenso, la luz de la luna se convirtió en un resplandor sofocante y detestaba mirarla. La vida como la conocía pasó a ser algo como una pesa, de día anhelaba dormir para no pensar y de noche esperaba despertar para alejar a sus demonios y culpas internas.
Una noche despertó súbitamente en un charco de sudor. Atormentado por sus pesadillas corrió por el bosque, sin ver por donde iba. Cuando se topo con un barranco frenó para llegar a la orilla, a centímetros de una caída fatal. Frente al risco él sintió que era el momento de terminar con sus horrores. Ya dispuesto a saltar, recordó devuelta a esa voz que susurraba en su mente
                                                                 -Vive
  Pero esta vez fue mucho más que una palabra, unos ojos juzgantes se presentaron frente a él, esta imponente alucinación duro un segundo, o toda una vida. Cuando despertó se sintió abrumado, tardo varios minutos en recomponerse y cuando lo logro se dirigió a su refugio.
  Una vez allí reflexiono sobre su visión, esta mirada enorme y poderosa que lo hacia sentirse tan a gusto y apenado, con un calor tan natural y amoroso. Pensó que talvez era un recuero, que talvez era una señal, o talvez esos ojos eran su destino.

Sobrevivir

  Caminado exploraba su bosque que cada vez le parecía menos suyo, un mundo nuevo y extraño capaz de mucha maldad que, a pesar de ser parte de él, aún no aceptaba. En sus andanzas divisó a una terrible bestia con ojos amarillos, su piel cubierta por unas callosidades negras y unas garras y dientes dibujados para matar. Su corazón se detuvo, y por primera vez sintió algo que no fue el paso del tiempo: esta energía que alentaba todo, lo hizo gritar y ganar fuerza con una velocidad que nunca creyó poseer. El  personaje corrió a más no poder, huyendo de la amenaza como si una voz interior, que ya tenía grabada desde el día en que entró al bosque; le repitiera que viviese. Cuando su perseguidor lo alcanzó, no hizo más que quedarse quieto frente a su agresor y él, aferrándose a su bolígrafo, símbolo de su inocencia; gritó. La bestia vestida de sombras lo atacó, él en un movimiento reflejo alzó su arma y la clavó en el tórax de la bestia. Ésta cayó al suelo escupiendo un líquido azul. Cuando la bestia se tornó en su forma humana, el hombre sintió un ardor terrible en el pecho: le había quitado la vida a un igual.
  Observó cómo este daba sus últimos respiros, su pelo oscuro, el sudor de su piel, las callosidades de sus pies desnudos, pero con más atención sus venas dilatadas por el miedo a morir. Con mucha suavidad se acercó al moribundo, y sintió el pulso en sus venas en el aire. Agarró su pierna y con mucha tentación se acercó a la zona pélvica, donde fuertemente mordió una arteria de la que salió un líquido azul y refrescante.
Allí, bajo la luna, el hombre, el explorador y caminante de su propio bosque; se perdieron para siempre, en los ojos de un asesino de sangre fría, que jamás volvería a ser el mismo.

Crecer

El hombre se levantó y se internó en el bosque de sauces llorones. A éstos ya despojados de toda esperanza y sueños, sólo le daban utilidades materiales. Él los explotaba, había perdido todo placer pero aprendió de la agonía. Su voz cobró fuerza. Encontró su luz y su oscuridad bajo un arroyo donde se iba a bañar. Su alma, en cambio, la tuvo que crear en noches de tormento y penitencia. Su pequeño anotador se había perdido muchas lunas antes, y el soñador se había quedado durmiendo en su subconsciente. 

Inocencia

  Estaba el niño tendido allí. En un lugar donde sus sueños se hacían realidad y la verdad no era más que un suspiro. Un anotador en mano, el niño no pensaba, solo letras que volaban.
El niño seguía en su campo, con su bolígrafo, siempre escribiendo. En su corazón no había ni luz ni oscuridad, solo lo sentía como algo que estaba ahí, que no había otra realidad, no tenía alma, nunca tuvo oportunidad de rezar, no tenía voz es que jamás quiso hablar.
  Los garabatos poco a poco se convirtieron en palabras y éstas se volvieron dibujos. El joven estaba quieto, ya casi era un hombre, en su lugar donde el tiempo no pasaba; los sauces respiraban pequeñas chispas de esperanza y la noche eterna, como el mismísimo tiempo parecía terminar. No podíamos saber si había pasado un segundo o miles de años, pero todo seguía igual en el exterior, mas en el interior de su ser todo había cambiado. El niño, el joven, el garabatista, novelista y dibujante, ya habían muerto, y de sus cenizas nació el hombre que vemos hoy en día.

lunes, 18 de octubre de 2010

Grandes expectativas

-Estamos listos.
La noche ya había caído y el campamento estaba en paz. El escuadrón estaba a punto de partir. Eran muy jóvenes, la mayor solo tenía 17 años cuando se lanzaron a su destino. No era un grupo muy homogéneo, algunos con años de experiencia y otros simples novatos, mientras unos deseaban ese momento hace años, otros no sabían que hacían allí.
La revolución, su revolución, comenzaba ese día.
Grandes expectativas tenían esa noche, siempre se escucharon historias de los más ancianos de un grupo que logro escapar, aunque sea por un solo segundo. El yugoslavo lo llamaban, luego de escapar lo agarró la policía, nunca nadie supo más de él, dicen por ahí que estuvo trabajando en omanut, nade sabe si es verdad; (yo lo conocí, una vez me lo encontré cenando, jamas lo volví a ver).
Mientras las estrategias se pulían, la sombra de la represión estaba sobre todos ellos. En ese momento todas las historias se volvían realidad, había llegado su turno.
Llego el momento, con linternas en mano y valentía en sus corazones, deseando sacarle a los que nunca duermen, lo que más desea, su descanso.



                                                    Para todos la gente de la kelly,     
                                                                                                 que no te vayan a atrapar

domingo, 17 de octubre de 2010

Una leve presentación

Hace unos días, hablando en el colectivo, algo que me dijeron, me tocó.
Soy una persona sentimental pero esto, fue especial, me hizo pensar un par de cosas, tal vez les hagan acordar a  distintos libros y pensadores que posiblemente hayan leído para lengua o historia.

Me dijeron (cito):
-Andy, vos sos un careta.
y simplemente le conteste:
-Tengo pocos amigos para ser un careta.
-No, sos otro tipo de careta, vos querés que la gente te vea como un raro.
-¿Cómo?
-Te haces el filosofo y el especial, sos un careta

En ese momento me acorde, algo que leí por ahí, que nosotros somos solo los recuerdos de los demás. Será algo pesimista, pero al fin y al cabo, somo lo que se acuerdan de nosotros y lo que decidimos olvidar. Los pensadores no son reconocidos por lo que piensan, si no por lo que dicen, que si justo antes de morir Marx hubiera pensado que el capitalismo esta más que bien?; mientras no se lo dijera a nadie, nosotros no nos hubiéramos enterado y las cosas seguirían igual.

Creo que también por eso hago este blog, para dejar todos mis pensamientos y historias (tanto reales como ficticias) y que no tengan un recuerdo erróneo de mí.

Así con esto me despido, y les deseo que expresen lo que piensan.