Deambulaba por el bosque, con el peso de la conciencia alentando su paso, merecía estar muerto, o eso creía él. Caminaba, siempre hacia a delante, temía que si volteaba la figura de su victimario lo quebrara. Manos oscuras estrangulaban su corazón, este que él no creía merecer. Varias incógnitas giraban en torno a su cabeza ¿A quién había matado?, ¿Por qué nunca se cruzó con otra persona?, ¿Había más personas? Pero aún más importante que todo,
¿Qué sería de él ahora?
Siguió caminado, su alma en sus manos apunto de lanzarla por la borda y su pena en su corazón. La vida lo había sorprendido, y se lo llevó por delante, intentó rescribir los escenarios posibles, si el no lo hubiera asesinado, fue en defensa propia una parte repetía mientras la otra le susurraba que él deseaba matarlo y lo disfruto hasta el último segundo. Él se sentía enfermo, como si las cosas estuvieran mal, la lluvia ya no se sentía igual todo era mucho más intenso, la luz de la luna se convirtió en un resplandor sofocante y detestaba mirarla. La vida como la conocía pasó a ser algo como una pesa, de día anhelaba dormir para no pensar y de noche esperaba despertar para alejar a sus demonios y culpas internas.
Una noche despertó súbitamente en un charco de sudor. Atormentado por sus pesadillas corrió por el bosque, sin ver por donde iba. Cuando se topo con un barranco frenó para llegar a la orilla, a centímetros de una caída fatal. Frente al risco él sintió que era el momento de terminar con sus horrores. Ya dispuesto a saltar, recordó devuelta a esa voz que susurraba en su mente
-Vive
Pero esta vez fue mucho más que una palabra, unos ojos juzgantes se presentaron frente a él, esta imponente alucinación duro un segundo, o toda una vida. Cuando despertó se sintió abrumado, tardo varios minutos en recomponerse y cuando lo logro se dirigió a su refugio.
Una vez allí reflexiono sobre su visión, esta mirada enorme y poderosa que lo hacia sentirse tan a gusto y apenado, con un calor tan natural y amoroso. Pensó que talvez era un recuero, que talvez era una señal, o talvez esos ojos eran su destino.